En Estocolmo, el 5 de noviembre de 1987, Guillermo Puerto, paisano suyo - destinado como yo en la Embajada de España en Suecia-fue quien me presentó a Porcel, miembro, con Xavier Bru de Sala, entre otros, de la delegación catalana que visitaba, encabezada por el president Pujol, aquel país escandinavo.
Como escuché y traduje consecutivamente sus palabras, guardo buena memoria de aquellas intervenciones sobre la realidad cultural catalana, atractivas, pausadas, generosas, inteligentes y tan cordialmente contadas que aquellas escenas sucesivas, en las que el consejero cultural de la Embajada de España hacía de trujamán de la delegación cultural catalana, resultaban naturales y congruentes para todos los reunidos.
Seguí luego su escritura, sobre todo la periodística en La Vanguardia,la de un hombre cuya independencia no era ariete ni pretexto para hacer ostentación de temperamento, sino fina y pragmática decantación de una personalidad hecha de vitalidad y perspectiva.
Y es verdad que su verdad mediterránea aleja la negrura en esta hora de su muerte y llena de salada claridad la cóncava nave de su último viaje a Andratx.
Source:
http://www.lavanguardia.es/lv24h/20090708/53739915312.html
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