«Je suis du Maroc», reivindica Mohamed Blal (décimo en cruzar la meta) al descolgarse, en el instante de sufrir el ritmo de sus compañeros de pelotón, apenas una decena de fondistas, cuando el maratón enfila los últimos 10 kilómetros.

Avisan de vez en cuando con gestos con la mano, para que nadie tropiece con las sillas de ruedas de los participantes discapacitados.Riñas de los juecesLos jueces, muy meticulosos, tal vez demasiado, riñen al grupo cuando alguno de ellos busca la acera para recortar unos metros en alguna de las curvas del recorrido.

En el puente de Calatrava, si alguien trata de seguirlos en bicicleta, hay que esprintar con fuerza, porque ellos mantienen el ritmo de 20 kilómetros por hora (anoten este dato: 20 km/h yendo a pie durante 42 kilómetros y 195 metros), sea el trazado en bajada o subida.

Pero, de repente, junto a El Corte Inglés de plaza de Catalunya hay que echar el freno de la bici para no atropellar a Hailu Mekonnen.

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